La Universidad Pompeu Fabra (UPF), a la cabeza de los rankings de universidades

diposit-aigues-1.jpg
Edificis amb história: Dipòsit de les Aigües de la UPF

 

La Universidad Pompeu Fabra lidera la clasificación U-Ranking de universidades españolas con índice de 1.6, según el último informe sobre universidades españolas realizado por la Fundación BBVA y el IVIE (Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas).

El documento U-Ranking (Indicadores Sintéticos del Sistema Universitario Español) 2016 presenta la cuarta edición de los resultados de las universidades en sus actividades docentes, de investigación y de innovación y desarrollo tecnológico, ofreciendo una ordenación de las instituciones para cada ámbito y para el conjunto de las actividades universitarias, corrigiendo los efectos del distinto tamaño de las instituciones para hacerlas comparables entre sí. La Pompeu Fabra, una joven universidad que se inauguró en 1990 ha ido escalando puestos en los distintos rankings desde entonces hasta ser la primera. Para la Fundación Gaspar Casal  es un honor tenerla como socia en nuestro Máster de Administración y Dirección de Servicios Sanitarios desde el año 2000. Llevamos 27 ediciones de un programa blend cuyas asignaturas presenciales se imparten en Madrid a plena satisfacción. Siempre hemos encontrado en dos de sus organismos, la Barcelona School of Management  y el Centro de Investigación en Economía y Salud  respuesta y apoyo en nuestros empeños formativos reglados.

También según la clasificación U- Multirank que financia la Comisión Europea, la Universidad Pompeu Fabra está a la cabeza de las tres universidades españolas más influyentes en investigación con publicaciones altamente citadas, obteniendo la clasificación más alta. En este ranking cada universidad recibe una calificación en cada uno de los 30 indicadores entre A (muy buena) y E (floja). Estos indicadores se distribuyen en cinco áreas: investigación, enseñanza y aprendizaje, compromiso regional, transferencia de conocimientos y orientación internacional. En el informe europeo participan más de 1.300 universidades e instituciones de enseñanza superior de 90 países

Además,  el ranking de Times Higher Education (THE), uno de los rankings universitarios de más prestigio e influencia mundiales, ha publicado la edición 2016 del ranking de universidades jóvenes 150 Under 50, que recoge las ciento cincuenta primeras instituciones de todo el mundo con menos de 50 años de antigüedad. En esta quinta edición de la lista, la primera que incluye 150 instituciones (hasta ahora eran 100),  la UPF se ha situado como 15a. mejor universidad joven del mundo, 11a. de Europa y 2a. de España. La UPF, que ha obtenido un marcador general de 54,6 puntos, destaca sobre todo en los indicadores de Impacto de las citas (en qué medida las publicaciones de una institución son referenciadas por otros académicos), con 90 puntos; y de Proyección internacional (estudiantes y profesores internacionales que atrae la universidad y en qué grado la institución pública artículos con otras universidades extranjeras), con 63,3 puntos. En los tres indicadores restantes, obtiene una puntuación de 37,1 en Docencia; 37,2 en Ingresos procedentes de la industria, y 35,4 en Investigación.

Nos queda mucho por hacer. La evaluación por comparación y un ranking lo es, nos enseña donde mejorar. Ciertas reglas de juego dirigidas a evitar la endogamia con las que nació la UPF, ayudan en la tarea. Enhorabuena a todo el personal de la Universidad por estos resultados que, a los que nos sentimos parte, nos honran.

Directivos sin formación: No, gracias

2162889173_72eaace2e1_o

El próximo 26 de febrero comienza la edición Número 27 del Máster de Administración y Dirección de Servicios Sanitarios. ¿Es posible encontrar un programa de postgrado en España con esta longevidad?

Los centros sanitarios se han puesto como ejemplo de organización muy compleja, tanto por el valor del su producto final – curar la enfermedad y cuidar de la salud de sus usuarios – como por la diversidad de inputs y outputs intermedios, imprescindibles para una buena producción de ese producto.

Desde servir comidas calientes a la intervención quirúrgica más sofisticada, desde mantener limpios los espacios utilizados por centenares de personas cada día, hasta mejorar la calidad de los profesionales.

Toda esta complejidad de la producción de las intervenciones sanitarias – no solo médicas – viene, además, condicionada por su regulación por administraciones públicas, velando por la salud de la población en unos casos y por la prestación sanitaria directa en otros. Pero la intervención de las administraciones públicas no se limita a la regulación sino que los Servicios Regionales de Salud autonómicos deciden sobre las intervenciones sanitarias a través de los recursos que ponen a su disposición, del nombramiento de directivos, de la gestión de los profesionales y de los compromisos políticos regionales.

Por si fuera poca la complejidad de la prestación sanitaria por sí misma, en España añadimos la singularidad de un SNS fragmentado, heredero de conceptos y políticas del siglo pasado y resistente a los cambios que nuestra sociedad necesita. Esta realidad  – externa e interna a las intervenciones sanitarias – exige unos directivos con conocimientos y habilidades específicas que difícilmente se pueden adquirir fuera de los mismos servicios sanitarios. Aunque hay buenas prácticas directivas en otros sectores productivos, tanto públicos, como privados, no son de fácil traslado al sector sanitario.

Pero no es suficiente con conocer a los servicios sanitarios desde dentro – ya sea por formación de pregrado, ya sea por experiencia profesional – sino que ese conocimiento hay que sistematizarlo, contrastarlo con el conocimiento que procede de otros sectores, desarrollar nuevas habilidades que no son las habituales en los profesionales sanitarios. Hay ya muchas y muy buenas prácticas directivas en nuestro país poco divulgadas fuera de las barreras administrativas y políticas en que se han producido que es necesario incorporar críticamente a la formación de los futuros directivos.

La incorporación de nuevos directivos al sector sanitario requiere la adaptación de su experiencia y de sus conocimientos académicos y profesionales a la compleja y cambiante realidad de los servicios sanitarios españoles a través de una formación específica que consiga sistematizar su complejidad, incorporar las mejores prácticas directivas y aplicarlas a la producción de intervenciones que mejoren o conserven la salud de los usuarios.

Heráclito ya dijo que “no hay nada permanente en la vida, excepto el cambio”. Sin embargo, muchas son las organizaciones que no llegan a reconocer los cambios inevitables que se están produciendo a su alrededor. El adormilamiento se refleja en que tienden a sentirse satisfechas de sí mismas, dejan de prestar atención a las cambiantes condiciones del mercado y a las variables necesidades de los usuarios. En estas condiciones, es poco probable que se estimule la formación. Si se aprendiera más de los fracasos que de los éxitos, los directivos serían más proclives a arriesgar, ya que, obviamente, si no se intenta nada nunca se fracasa.

Desafortunadamente, no pocas veces los cambios se imponen, con lo que se desatan multitud de temores: a lo desconocido, a la pérdida de estatus, a la pérdida de autoridad y responsabilidad, a la pérdida de las buenas condiciones de trabajo, a la pérdida de la seguridad en el puesto…, siendo estos temores mayores en las estructuras directivas, donde el cambio puede ser interpretado como una condena al actual liderazgo y la amenaza de una redistribución de poder. El resultado suele ser la aparición de actitudes represoras a la creatividad y a la innovación por parte de los que, precisamente, debieran liderar los cambios.

Es obvio que el cambio jamás se produce sin penalidades. De hecho, suele ser el sufrimiento la chispa que enciende el motor que pone en marcha el proceso de cambio. Muy pocas personas y organizaciones cambian cuando las cosas van bien. “Si funciona, lo mejor es no tocarlo”, solemos escuchar. Sin embargo, buscar el cambio preventivamente, antes de que sea demasiado tarde, es el reto de los emprendedores.

La necesidad de desarrollar un esfuerzo de formación complementaria de los directivos considerando minuciosamente los contextos y adaptando contenidos a la realidad existente, facilitaría las mejoras de gestión de los centros sanitarios en sus aspectos esenciales: efectividad, calidad y eficiencia de la prestación asistencial.

En definitiva, hay que hacer más clínica a la gestión y más gestora a la clínica. Sin clínicos que suban a la dirección y con directivos anclados en sus despachos, no hay gestión clínica.

Hay mucho por hacer si tenemos clínicos cualificados en gestión: retirar tratamientos inútiles, dejar de usar determinadas tecnologías en casos en los que no están indicadas, retrasar el uso extensivo de tratamientos efectivos y eficientes. Todo esto genera derroche de recursos públicos y expone a pacientes a riesgos. Hay que cambiar cauces administrativos inoperantes, intereses creados y estatus quo confortables para muchos, excesiva politización en decisiones que son profesionales,…

La intensa innovación tecnológica tiene que empujar a la escasa innovación organizativa. La práctica de la medicina tiene que evolucionar con mayor rapidez de lo que se hace o se es capaz de hacer, al cómo se hace, supeditando los intereses personales a los generales. Y pasa por coordinar y motivar a los profesionales sanitarios en la consecución de objetivos organizativos que suponen la incorporación de decisiones clínicas coste-efectivas, pues cuentan con información y autonomía para ello.

Los clínicos han de participar en los consejos de dirección de las organizaciones en las que trabajan, en su estrategia, etcétera. Sin embargo, los avances en el empoderamiento profesional han sido escasos. La formación en gestión puede ayudar a ir abandonando el despotismo ilustrado y a no confundir medios/instrumentos con fines.

La pasada semana en la UIMP

santandervista01
Imagen obtenida de http://www.misteriored.com/

En la Fundación Gaspar Casal damos mucha importancia a la formación continua de los que en ella trabajamos. Curiosamente, la semana pasada coincidimos tres, en tres seminarios diferentes.

Gema acudió al  Encuentro Jornada de modelos innovadores de acceso a medicamentos, Seminario afín al Diploma Posgrado en Evaluación de Tecnologías Sanitarias que cursa en segunda edición. Con diferentes estructuras en la organización de esta jornada, el tema ha sido el acceso a la prestación farmacéutica desde el punto de vista de los diferentes agentes que forman parte del proceso de regulación, autorización, financiación y acceso al medicamento por parte del paciente. Después de la inauguración, a cargo del Ministro de Sanidad con un discurso político y en mi opinión, fuera de lugar, intervinieron con sendas conferencias, dos personas, César Hernández, AEMPS, a nivel nacional y Annalisa Belloni, OECD, explicando los modelos innovadores de acceso a medicamentos en España y en Europa. Ambas intervenciones, sobre todo la del Director de Medicamentos de Uso Humano, fueron a mi juicio, pobres en cuanto a contenido y calidad en la exposición.

A continuación tuvo lugar una mesa de trabajo sobre Diálogo sanitario con gestores interactiva sobre modelos innovadores de acceso a medicamentos con participaciones muy interesantes y dispares, desde las diferentes perspectivas, la Administración Central, las CC.AA., los gabinetes de fármaco-economía y las Gerencias de los Centros Hospitalarios. Al mismo tiempo que se formulaban las preguntas referidas a los diferentes pasos del proceso de autorización, financiación y acceso, el público tenía la oportunidad de contestar a esas mismas preguntas de forma interactiva, votando a las diferentes opciones de respuesta. De esta manera se podían comparar las respuestas de los asistentes con las de los participantes de la mesa. Tanto por el contenido como en la forma, en esta sesión se puso de manifiesto las distintas posturas de los agentes sobre el tema a tratar, con dinamismo, claridad y en muchos casos, muy instructivas.

La jornada de la mañana siguiente, en relación al futuro y financiación de la innovación y cómo valorar ésta, comenzó con la intervención de Cristina Avendaño y Mercedes Martínez Vallejo que, defendieron sus posturas sin ningún tipo de flexibilidad ni acercamiento, provocando por tanto un debate con preguntas y respuestas muy diferenciadas para cada una de las ponentes.  El Diálogo sanitario con los portavoces parlamentarios de Sanidad, trascurrió sin pena ni gloria.

Estíbaliz estaba matriculada en el IX Encuentro E-Salud y Telmedicina. TIC para los retos de I+I en servicios de salud en enfermedades crónicas. Tuvo una estructura claramente diferenciada en dos partes: teórica y práctica. El tema fundamental fue el uso de las TIC en la telemedicina, el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades crónicas.

El primer día se realizó la inauguración de la mano de Carlos Hernández y Antonio Sarriá que comentaron el programa que iba a seguir el Encuentro así como algunos conceptos introductorios para poder comprender los grandes temas que se abordarían.

En la primera mañana habló de Big Data mediante dos ponencias de la mano de Jose Luis Martínez y Miguel Ángel Sicilia. José Luis se centró en el Big Data como una tecnología para conocer mejor al paciente, con una visión puramente estadística y matemática de los Big Data. Contaba cuáles son las tecnologías que debían usarse para el tratamiento masivo de estos datos. Fue demasiado genérica  pudiendo haber ahondado en los principales conceptos con un contenido práctico. Miguel Ángel se ocupó de la recogida de los datos, de las licencias y de las leyes de protección de estos datos. Fue más completa, accesible y fácil de entender.  La explicación era cercana y te hacia poner en la posición del individuo del que se recogían sus datos.

Por la tarde se presentaron comunicaciones acerca de Big Data más sobre minería de datos que Big Data como tal. Se presentaron  datos de un solo hospital como mucho que se actualizaban una vez al día. El Real Big Data son millones de datos que se tratan en tiempo real, por lo que no estamos ante trabajos de Big Data aún.  De entre las comunicaciones cabe destacar: “Aplicaciones del análisis Rasch al desarrollo de medidas de resultados centrados en el paciente: ítem bank & computerized adaptive testing”

A la mañana siguiente Víctor Castelo y César García introdujeron los temas de Cloud Computing e Internet de las Cosas, respectivamente. Ambos fueron muy bien explicados con clarísimos ejemplos y enfocados al presente y a las acciones futuras que interaccionan con la salud.

Desde las grandes empresas, pasando por las entidades científicas y llegando a los sistemas políticos se han percatado de que la humanidad arroja actualmente billones de datos que no utilizamos. Con toda esta información podría conseguir grandes beneficios en muchos aspectos de la vida aunque también entraña riesgos que la gente debería valorar.  Nos encaminamos a unos años de grandes y relevantes cambios en el ámbito de la salud y de la relación de las TIC con la misma.

Y, por último,  yo acudí al Encuentro “Ernest Lluch” sobre Políticas para mejorar el pronóstico del Sistema Nacional de Salud que dirigió Jaume Puig Junoy con el apoyo de Natalia Pascual Argenté. Realmente hacía tiempo que no acudía a un programa tan solvente, tan serio y tan riguroso. La elección de temas y ponentes, acertadísima.  Los asistentes, mayoritariamente recién egresados de económicas de la UPF.

Arrancó Joan Majó con la presentación de la Fundación Ernest Lluch y sus interesantes actividades, fue al grano y en seguida dio paso a John Appleby, Chief Economist de The King´s Fund que presentó un informe que escribió hace poco sobre “Pensando a largo plazo: estimación del gasto sanitario y social en los próximos 50 años”, estudios que comisiona el gobierno británico a tan prestigioso think tank. Dependiendo de los escenarios base y las variables que metes en el modelo, las cifras son muy dispares. No parece que deba preocuparnos el envejecimiento y sí ,el uso y su intensidad, de las nuevas tecnologías. A continuación tomó la palabra Laura Vallejo que presentó con gran claridad y profundidad el tan proceloso tema “Estimación del valor umbral de coste-efectividad: ¿por qué, qué y cómo?”. Se trata de una investigación en curso que ella dirige con patrocinio del Ministerio de Sanidad. La gran duda, una vez finalizada, ¿se seguirán sus recomendaciones?. Y ya por la tarde Juan Oliva nos dejó epatados con una magnifica presentación sobre “Luces y sombras en la cobertura y financiación de prestaciones en el SNS”.

Al día siguiente Rosa Urbanos deslumbró con su ponencia “La colaboración público-privada en sanidad: ¿oportunidad o riesgo?. Siguió con brillantez Enrique Bernal con “Variaciones en la práctica clínica: implicaciones para las políticas sanitarias”. Tras el café, Juan Oliva moderó con eficacia una interesantísma Mesa sobre “Alternativas para abordar de forma racional la financiación de tratamientos oncológicos y hepatitis C” que contó la estimulante participación de Rosa Urbanos, Iñaki Betolaza y David Elvira. Hizo un gran epílogo del Encuentro, su director Jaume Puig. Todas las sesiones contaron con una rica discusión entre ponentes y asistentes. En fin, una delicia y tiempo bien empleado, sin coste de oportunidad. Cena y comida agradabilísimas. Las ponencias las tenéis en la biblioteca virtual de la UIMP cuyo vínculo y claves os facilitamos a continuación.

Vínculo: http://www.uimp.es/actividades-academicas/campus-virtual.html

Usuario: 62IT

Clave: TuuCM6GM

 

Universidades españolas: a propósito del informe de la comisión de expertos para el ministro Wert

Sydney University - Medical School, Dissecting Room

Hace un par de semanas nos convocó Jesús M. de Miguel a un debate a partir de su presentación de dicho informe, comentado con ironía y astucia, en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Se habló de los grandes temas: ¿ayuda la Universidad a corregir las desigualdades sociales?, ¿qué financiación precisa y de qué fuentes?, ¿qué Universidad queremos, la que hace docencia e investigación o la que solo hace docencia y coloca en mercado de trabajo con gran éxito a sus licenciados?, ¿qué mix de público y privado, compitiendo?, ¿tenemos muchas o pocas, las queremos con diferenciación, no generalistas, por disciplinas o integradas, con menos doctorados y más doctores?,  ¿qué órganos de gobierno precisa?, ¿cómo se recluta y evalúa al profesorado, y a los alumnos?, ¿hay que modificar la ANECA?, ¿qué cambios se esperan por la digitalización?, ¿cómo se organiza el mecenazgo empresarial?,…..

La Universidad española precisa de mayor excelencia investigadora y debiera ser un instrumento de igualación social.

Muy probablemente la universidad nos asienta las ideas propias y a pensar críticamente con las que llegamos a ella, y en donde la influencia de los padres y un buen bachillerato, son clave. La universidad educa, investiga, transmite principios cívicos y democráticos, participa en los debates de actualidad, critica y pone en duda el orden social. Asume valores como la autonomía, la tolerancia y la libertad de expresión. Podríamos decir que el objetivo de la universidad consistiría en desarrollar la habilidad de pensar críticamente y de forma independiente, ser creativo e innovador, liberarse de prejuicios, saber elegir información incorporando la que es útil y rechazando la que es irrelevante. Lo importante de los licenciados es lo que hacen con lo que saben y han aprendido. El desarrollo de capacidades además de conocimientos es algo que el Espacio Europeo de Educación Superior propugna con énfasis y que veremos tras una primera evaluación a cinco años que se ha conseguido.

Su papel central lo tiene en una docencia de calidad donde se enseñan los fundamentos de las asignaturas. Éstos harán entender los elementos más prácticos e instrumentales.

La investigación y el saber formular hipótesis son también clave. La investigación universitaria en un mundo globalizado está transitando de la orientación, tradicionalmente básica, a la aplicada, con contratos procedentes de los sectores público y privado y de entidades sin ánimo de lucro. La I+D+i tiene un peso público y una presencia muy importante en los departamentos universitarios y en otros organismos públicos de investigación, pero su debilidad en las empresas españolas es preocupante. Adicionalmente, la falta de un vínculo claro y estrecho entre la educación superior y el mundo laboral es otra característica que agrava la baja competitividad que tenemos como país.

Las universidades españolas deben competir por los mejores profesores y por los mejores alumnos. Sin embargo, la dinámica política actual conduce a una fragmentación territorial, lingüística y cultural que irá generando barreras de entrada con un alto coste económico tan pronto se instale la descoordinación de las políticas fiscales y sociales entre el estado y las CC.AA.

Las universidades públicas son instituciones sociales que pueden parecer no estar dirigidas por nadie. Muchas veces suelen tacharse de anarquías organizadas por la falta de estructura y claridad de sus metas. Acostumbran ser organizaciones a la defensiva, resistentes al cambio; aunque cabe distinguir entre nuevas y viejas universidades por sus distintos comportamientos y resultados docentes y de investigación.

El liderazgo exigible a estas instituciones del saber hay que proclamarlo y perseguirlo. Precisa, ineludiblemente, de la rendición de cuentas, de saber qué se hace y cómo se hace. Además, cuando las fuerzas del mercado son débiles y la confianza en la organización (o sus líderes) es también baja, aumenta la importancia de la rendición de cuentas.

Si los sanitarios nos quejamos de la falta de evaluaciones en nuestro sector, el  educativo, en términos generales, nos gana en desidia, la autoridad es más difusa, los gremios están diversificados por disciplinas y con estructuras burocráticas. El profesorado suele poseer los departamentos, que no pocas veces son unas organizaciones a su servicio. Se trata, en fin, de entidades extrañas cuyos miembros no suelen estar preocupados en que se gaste mejor en función de lo que se produce. Suelen ser lentas en incorporar los modernos sistemas de gestión a pesar de enseñarlos en sus aulas. Las personas que gobiernan suelen ser prestigiosas en su campo de especialidad pero no en la administración de instituciones. No suele ser fácil, dados los débiles incentivos con los que cuentan los órganos de gobierno, convencer a los profesores para que den mejores clases, dediquen más tiempo a los estudiantes o preparen mejor los ejercicios prácticos. No hay tradición de acreditación. No existen todavía categorías de universidades que sean fiables y creíbles.

Estimular la competición, preservar la diversidad y conectar mejor con el mundo exterior son los retos actuales de las universidades españolas. En nuestro país existe una demanda social enorme de educación superior debida, sobre todo, a que el nivel socioeconómico del país ha crecido y se ha expandido, además de la existencia de una política de becas generosa y en nada desdeñable, que esperemos no sea finalmente alterada sin sentido y solo con ideología. Esta enseñanza requiere cada vez de más recursos y la financiación pública no crece en consonancia. Dar más a las que mejor lo hagan es un mensaje que va calando. La sociedad suele esperar mucho de ellas. La expansión de las tecnologías de la información y las comunicaciones, la digitalización de asignaturas y su colgado libre y gratuito, la internacionalización progresiva y el impacto de la globalización económica generará nuevas relaciones con el sector público y privado y encendidos debates sobre los costes y los aspectos de calidad de las universidades. La difusión de Internet no sólo permite una transferencia masiva de información mucho más democrática sino que cambia la forma de enseñar y restablece el interés por estar menos encerrados y ensimismados. Afortunadamente, cada vez con mayor frecuencia destacan en el mapa universitario y en distintas facultades y escuelas, departamentos con magníficos profesionales que consagran muchas horas a la excelencia investigadora y docente

Finalmente, el mundo está experimentando a la vez un proceso de convergencia y de diversificación. La globalización y la intensa movilidad de capital humano, así como la transnacionalización de programas de estudios superiores están llevando a una convergencia de estructuras universitarias en el mundo. El modelo es cada vez más diverso y múltiple. Esta tensión requerirá de estrategias de control de calidad y acreditación. Por último, un deseo: ojalá caminemos a una universidad sin fronteras que interconecte el mundo, promueva valores humanos y dé servicio de calidad a la sociedad que, a su vez, la sustenta y da sentido.