De la medicina basada en la evidencia a la economía del desarrollo basada en la evidencia.

El Premio Nobel de Economía del año 2019, otorgado por El Banco Nacional de Suecia, ha sido para Abhijit Banerjee (Bombay, 1961), Esther Duflo (París, 1972) y Michael Kremer (EE UU, 1964), “por su aproximación experimental al alivio de la pobreza global”.

Si buscamos las razones de este premio, debemos remontarnos a los años 90, cuando por un lado Kremer, inició una serie de experimentos en Kenia con la colaboración de una ONG. ¿Su principal hallazgo? Descubrir que los libros de texto y las comidas gratis no ayudaban a mejorar los resultados escolares.

Por otro lado, años más tarde, Banerjee y Duflo concluyeron que lo más efectivo eran los programas de apoyo a estudiantes, ayudantes para los profesores y centrarse en los niños con más necesidades. De estos hallazgos, se han beneficiado más de cinco millones de alumnos. Y este tipo de investigaciones se han expandido hacia disciplinas como la sanidad, el acceso al crédito o la adopción de nuevas técnicas agrícolas. Otro gran logro de sus estudios ha sido el de corroborar que ampliar el acceso a agua potable es una de las inversiones más rentables para los países en desarrollo.  Lo que a su vez entra dentro de los ODS, en concreto, queda recogido en el número 6.

Dentro de las principales aportaciones de estos economistas está la de basarse en los ensayos clínicos de las farmacéuticas (también denominado randomised controlled trial lo que les ha valido el apodo de “randomistas”) que combinando con la economía del comportamiento (o “teoría nudge” valedora de otro Nobel en 2017) ha servido de baluarte para la creación de una suerte de “sistema de auditoría” capaz de determinar la idoneidad de una política de desarrollo. Valga lo anterior como ejemplo de lo necesario que resulta la interconexión de disciplinas en aras al bien común.

¿Cuáles son las recetas para combatir de forma práctica la pobreza?

  • Tener una visión concreta. Búsqueda de soluciones ad hoc frente a un problema inmenso.
  • No olvidar las distintas dimensiones de la pobreza.
  • Desengranar el comportamiento de los pobres: del behavioral economics al poor economics.
  • Impulsar las sinergias que ofrecen los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
  • La importancia de invertir más en nutrición.
  • La falta de idoneidad de los microcréditos.

A pesar de que su gran labor (que bien les ha merecido el Nobel), hay un cierto sector crítico (Drèze entre otros) que reclama precaución a los economistas en su argumentario de “from evidence to policy” pues considera que la evidencia científica (si bien, muy relevante) no debe ser el criterio último o decisor en la elección de las políticas públicas más adecuadas.

Piden cautela pues temen que la policy evidence based llevada al extremo degenere en la idea de que la sola evidencia puede ser el único árbitro imparcial de las políticas públicas. Al igual que no nos podemos dejar regir por la “tiranía del algoritmo” tampoco podemos dejarnos llevar por el “factualismo”, aunque sea tras conocer los resultados de los ensayos comunitarios controlados llevados a cabo. Los hechos son la base, sí, pero no lo son todo. No debe ser el único criterio dentro de una decisión de política pública.

Durante mucho tiempo, se lleva imponiendo en la toma de decisiones públicas una suerte de juego de suma cero, unos ganan otros pierden, según se decide si un asunto entra dentro de la agenda política o no. Pero tal y como lo ideó el propio Nash, no deja de ser un juego. Y no podemos dejar caer asuntos tan relevantes como la erradicación de la pobreza en un mero ejercicio de poderes o presiones. Más bien, deberían impulsarse las sinergias, las colaboraciones y la interconexión entre disciplinas (véase: economía, medicina y política) para hacer frente a los principales problemas del mundo, entre ellos, la pobreza y la desigualdad. Para lo cual además de esta visión holística y multidisciplinar que sepa tener en cuenta los contextos políticos, económicos y sociales, es fundamental la existencia de políticas fiscales y redistributivas más ambiciosas.

Valga, por último, recordar a Bauman cuando decía que: “la pobreza, aunque invisible a veces, tiende a devolver en forma de patologías, lo que la sociedad le negó en términos de equidad”. No dejemos que se ensombrezca una buena noticia, pero como sociedad civil empoderada que somos, no cerremos los ojos y mantengamos una visión analítica que permita “equilibrar” los juegos de poder que gobiernan las decisiones políticas fundamentales en el siglo xxi.

2 comentarios en “De la medicina basada en la evidencia a la economía del desarrollo basada en la evidencia.

  1. Excelente artículo Juan. Valga de ejemplo lo que paso con la Medicina Basada en la Evidencia a finales del s.XX. Después de años de indiscutible reinado aparecieron unos epidemiólogos británicos que alertaron de la capcidad de hacer daño que teníamos los médicos con la bandera de la MBE que se concretó en el documento “To err is human”. Así empezamos a poner el foco en la seguridad clínica. Casi nunca los problemes tienen un único enfoque. Felicidades

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