¿Valen lo que cuestan los nuevos medicamentos? (2ª parte)

Como indicábamos en la entrada anterior, para asegurar el retorno de la inversión, la OCDE acaba de elaborar un informe para la UE donde destaca la necesidad de:

  1. Armonizar los requisitos regulatorios para facilitar el reconocimiento mutuo de los nuevos medicamentos y reducir así el número y coste de los ensayos clínicos;
  2. Incrementar la eficiencia del gasto colaborando en la evaluación de tecnologías (HTA), aunque algunas evaluaciones económicas precisen evaluación nacional;
  3. Desarrollar incentivos a la innovación dirigidos a necesidades médicas no cubiertas (especialmente antimicrobianos resistentes y enfermedades raras);
  4. Aumentar la transparencia de precios conciliando acuerdos cerrados pero transparentes a posteriori;
  5. Y, por último, establecer criterios transparentes en la definición de la disposición a pagar que incluyan, no sólo el análisis coste-efectividad sino también, los estudios de impacto presupuestario y las consideraciones sobre equidad.

El Ministerio de Sanidad español quiere avanzar en la idea del coste-valor como camino para asegurarse de pagar por lo que realmente se aporta. La puesta en marcha de un nuevo sistema de evaluación la innovación de los medicamentos, Valtermed, no es todavía conocido en detalle.

Muy posiblemente, ni nuestro sistema sanitario ni ningún otro sistema público se puede permitir incluir medicamentos con una efectividad relativa muy reducida y precios elevados, es decir, altamente ineficientes. Pero sí se debería favorecer la incorporación de los tratamientos que ofrecen una efectividad terapéutica o diagnóstica elevada en comparación con las terapias existentes que justifiquen el precio al que se ofrece esa innovación y, a su vez, desfinanciar los que apenas aporten valor.

Es un hecho que algunos medicamentos tienen precios elevadísimos. Pero aquí lo importante es saber si todo lo que dice ser innovador realmente lo es o no, porque “nuevo” es definitivamente diferente de “innovador”.

Segmentando, se puede ver que algunos fármacos biológicos tienen muy buenos resultados, sin embargo, en otros la ratio coste-efectividad incremental no es positiva o los meses ganados no se corresponden con el esfuerzo de financiación pública que se pide. De nuevo, la perspectiva social en un sistema básicamente público es importante que prevalezca.

Lo importante es que en nuestro SNSE haya equidad entre pacientes, pero también entre patologías. También sería bueno, especialmente respecto a los fármacos huérfanos de elevadísimos precios, que Europa dé un paso más allá de promocionar la investigación y plantee ayudas como existen en otros sectores para la financiación, porque no todos los países tienen la misma capacidad de pago.

Es cierto que en muchos casos estamos viendo medicamentos con precios desproporcionados para el valor en salud que aportan, máxime si lo comparamos con el precio y la aportación de otras prestaciones asistenciales o sociales en su vertiente no clínica sino de promoción de la salud y prevención de la enfermedad y, de fortalecer la salud en todas las políticas (fuera de la sanidad): vivienda, medioambiente, transporte, políticas laborales, …

Las decisiones necesitan mejorar en transparencia y rendición de cuentas a la sociedad. Para ello, se precisa dar más voz a los profesionales implicados y modificar, sin miedo, la arquitectura institucional que permita economías de escala y ejercer el poder de compra con más eficacia.

Necesitamos dejar de centrarnos en los medicamentos de forma aislada. Hay que intervenir en los costes de adquisición del medicamento, por supuesto, pero lo importante es obtener mejores resultados en salud por euro invertido y ese objetivo requiere análisis en horizontes temporales mayores que los de los presupuestos anuales, es decir, que tengan en cuenta no sólo el coste y la efectividad de los medicamentos sino todos los costes incluyendo indirectos y, los resultados relevantes en la salud poblacional.

Es, por tanto, necesario contar con sistemas de información que permitan la evaluación y comparación de todas las intervenciones, no sólo los medicamentos. Finalmente, hay que prestar atención a la evaluación y posible retirada de las tecnologías poco eficientes entre las que hay, cómo no, medicamentos.

En octubre de 2018 el Parlamento Europeo aprueba las enmiendas presentadas al Reglamento del Consejo y del Parlamento sobre Evaluación de Tecnologías Sanitaria  en la Unión Europea. Contiene con una propuesta pivotal para desarrollar los Informes de Evaluación Clínica (Joint Clinical Assessment) como métrica de eficacia relativa. Es este camino de ámbito supranacional, el más razonable, aunque no exento de las dificultades de rechazo por “supuestas” pérdidas de soberanía nacional. En la reunión de la HTAi del mes pasado parece que algo se mueve. El ministro de salud de Alemania dijo lo siguiente:” Seguiremos de cerca la evolución de esta importante pieza regulatoria”.

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