Joaquim Camprubi, In memoriam (1953-2017)

Conocí Joaquim en el Centro de Promoción de la Salud (CPS) de Tetuán donde yo acudía como residente de medicina preventiva y salud pública a alguna actividad de educación para la salud a las que él solía acudir como director del CPS de Chamberí. Corría el año 1983, realmente, lo que se hacía en esos CPS (que han ido muriendo penosamente de inanición y falta de liderazgo e interés) era auténtica salud comunitaria como pude comprobar luego, cuando hice la maestría con el mismo nombre en Edimburgo. El último año de residencia, 1985, coincidimos en la Consejería de Sanidad, donde un jovencísimo Joaquim era el Director General de Salud Pública, siendo consejera María Gómez de Mendoza. Fue un año decisivo y clarificador en la orientación de mi carrera profesional pues empecé a observar como la política y las guerras de poder estaban ya presentes en el día a día de estas organizaciones recientemente creadas, y en aquel entonces, con escasas competencias, …aquello empezaba a no ir bien, ocupaban demasiado tiempo, apenas se valoraba la competencia técnica y la preocupación por lo público pasaba a un segundo plano, ¿Os suena, no?

En 1988, con una empresa de consultoría recién creada, Análisis y Diseños Operativos en Salud (ADOS) recién creada recibí el primer encargo que tuvimos desde la EXPO 92: “Evolución de la mortalidad y morbilidad durante la construcción del recinto ferial”. Joaquim era el jefe de los servicios médicos. Carmen Bueno, su mujer, enérgica y con gran capacidad, fue la mano derecha de Pellón, el Comisario de la Exposición. Se trasladan de Madrid a vivir a Sevilla.

En 1995 comencé a trabajar en MSD cuando él salía para ocupar la dirección médica de un hospital sevillano. Cuando dejé MSD, en 1997 él volvía tras un paso corto y frustrante por la gestión pública. Heredó el ambicioso programa de MBE que diseñamos con la intervención decisiva del que fue durante muchos años director de marketing, José Luis Román, quién vio la oportunidad de invertir no pocos recursos en la traducción de la serie de artículos del EWG de EBM publicados en el JAMA y también, el libro de EBM de Sackett y su equipo de la Universidad de McMaster en Canadá. Se repartieron 100.000 ejemplares.

Lideró con astucia y criterio el que fue el programa estrella de MSD durante los diez años siguientes. De las actividades de formación de formadores salieron las voces más críticas y mejor formadas de la epidemiología clínica de este país, que contribuyeron a expandir está sensatísima metodología de guiar la práctica clínica a partir de la mejor evidencia disponible.

Un poco después le conté el proyecto de crear la Fundación Gaspar Casal (FGC) en una reunión que tuvimos en el Casino de Madrid, quería contar con él en el primer Patronato. No puedo ser, por incompatibilidad, pero me regaló consejos más que razonables. Compartíamos alguna afición como montar a caballo. Ambos somos tímidos y bastante introvertidos. Desde que se jubiló prematuramente y saliendo por la puerta grande de MSD, donde la noticia de su fallecimiento me consta que ha caído como una bomba, apostó por la puesta en marcha de un hotel pequeñito en la sierra de Grazalema. Estuve con él y su mujer Carmen antes de que empezaran con el proyecto, durmimos en lo que era un pequeño añadido a una cuadra de caballos. Quiso conocer mi parecer, como yo le pedí el suyo cuando arranqué con la FGC. Estos dos años y medio últimos nos ha ayudado mucho y bien con todos los programas de formación de la FGC, ha coordinado las tesinas con un trato exquisito y muy profesional con los alumnos y los profesores (he recibido avalanchas de correos de alumnos y profesores que atestiguan la profunda tristeza por la pérdida). Me dijo que esta colaboración le venía muy bien para seguir conectado con el sector. Adicionalmente, el año pasado me ayudó de manera decisiva en la preparación del encuentro Ernest Lluch de la UIMP en Santander, donde volvimos este año, como moderadores, a un excelente curso dirigido por Beatriz González.
Le recuerdo como una persona inquieta intelectualmente, crítico, coherente en su línea de pensamiento –aunque molestara–, orgulloso de sus hijos Lino y Livia y de la que fue compañera 39 años, Carmen. Le voy a echar mucho de menos, se me ha ido un gran amigo, teníamos muchos planes que han quedado brutal y repentinamente parados. En noviembre de 2018, en la 13 RC de la AEETS, le dedicaremos una Sesión que he empezado a pergeñar con Jordi Gol.

Reproduzco la cita de la entrada de Sergio Minué en su blog, que me ha encantado:

“Caminan lentamente sobre un lecho de confeti y serpentinas, una noche estrellada de septiembre, a lo largo de la desierta calle adornada con un techo de guirnaldas, papeles de colores y farolillos rotos: última noche de Fiesta Mayor (el confeti del adiós, el vals de las velas) en un barrio popular y suburbano, las cuatro de la madrugada, todo ha terminado. Está vacío el tablado donde poco antes la orquesta interpretaba melodías solicitadas, el piano cubierto con la funda amarilla, las luces apagadas y las sillas plegables apiladas sobre la acera. En la calle queda la desolación que sucede a las verbenas celebradas en garajes o en terrados: otro quehacer, otros tráfagos cotidianos y puntales, el miserable trato de las manos con el hierro y la madera y el ladrillo reaparece y acecha en portales y ventanas, agazapado en espera del amanecer. El melancólico embustero, el tenebroso hijo del barrio que en verano ronda la aventura tentadora, el perdidamente enamorado acompañante de la bella desconocida todavía no lo sabe, todavía el verano es un verde archipiélago.”
Últimas tardes con Teresa. Juan Marsé

Y unas frases que me he cruzado con Vicente Ortún:

Consumado el ‘único argumento de la obra’ un repaso a la memoria, incluso a los últimos tweets, de Joaquín te hace lamentar la pregunta que no hiciste o la conversación que no tuviste. Preguntas que no hiciste porque desconocías su enfermedad; es más su aparente placidez serena parecía blindarle contra ella. Conversaciones que no tuviste y que hubieras abordado desde lo que se comparte dejando para cuando hay confianza y aprecio consolidado las diferencias.

Nos queda el recuerdo de su obra y de las que ayudo a tejer a lo largo de su diverso recorrido profesional que se hallaba actualmente en momento de aprovechar su experiencia y conocimiento tanto colaborando en la dirección y en la docencia de la Fundación Gaspar Casal como arrancando un proyecto hotelero en la sierra de Grazalema.

…y como decía Machado ‘lleva quien deja y vive el que ha vivido. ¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas’

Descanse en paz. Y Salud para todos como se despedía en los correos electrónicos.

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