Los perjuicios de la ignorancia

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Según el último Eurobarómetro los ciudadanos confían casi el doble (82%) en los científicos que en los políticos (44%), aunque la confianza en la Ciencia declina, sobre todo en áreas como la Biotecnología.

Solemos estar obsesionados por los riesgos e incertidumbres de los nuevos desarrollos, mientras que a menudo subestimamos su potencialidad para cambios positivos y oportunidades económicas. Cada vez hay más discusiones sobre privacidad en torno a las ciudades inteligentes y el internet de las cosas, la evaluación de riesgo sobre el fracking, las preocupaciones en torno a los organismos genéticamente modificados, o la medicina personalizada. El debate es muy significativo, abarca intervenciones políticas que pueden tener un impacto directo en la salud y el bienestar de los ciudadanos, y en el medio ambiente.

Hay diferencias entre “peligro” y “riesgo”. El primero es el “potencial de una sustancia, actividad o proceso para causar daños o efectos adversos, mientras que el segundo es más bien “una combinación de gravedad de la sustancia, actividad o proceso y la posibilidad de que cause daños”. Un cuchillo, por ejemplo, es una herramienta claramente peligrosa, pero podemos evaluar razonablemente las probabilidades de que termine causando daños y establecer bajo qué condiciones se puede usar de forma segura. Una aproximación basada en el riesgo en cierto modo renuncia a tener una sociedad libre de tóxicos. La idea de librarnos de todo peligro no parece ser compatible con una economía basada en la innovación. Ambas percepciones, peligro y riesgo, suelen estar sesgadas. No percibimos el riesgo de forma homogénea y racional: nos preocupan más los riesgos involuntarios que los voluntarios, tememos más los peligros tecnológicos que los naturales y nos sentimos más amenazados por los riesgos exóticos que por los familiares. De hecho, la evaluación de las oportunidades y los riesgos está acompañada con percepciones públicas que a menudo exageran los riesgos potenciales y subestiman los cambios positivos que quedarían materializados si se implementan nuevas tecnologías.

Finalmente, si la ciudadanía que participa en el proceso de decisión gravita hacia posiciones cada vez más extremistas, caracterizadas por el sentimentalismo, el dogmatismo y la incapacidad para reconocer las evidencias, los resultados sociales no serán satisfactorios. Las campañas contra la vacunación no han logrado curar el autismo, sino que rebrote el sarampión. Las evidencias importan. Necesitamos más educación y cultura científica. Sólo teniendo ciudadanos más informados sobre los riesgos y los peligros reales, nos acercaremos a un modelo donde los políticos escuchen a los consejeros científicos y todos escuchen a los ciudadanos informados. Si aspiramos a una sociedad basada en el conocimiento, no hay otra alternativa.

Pruebas de un cierto deterioro en el SNSE

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En nuestra reciente publicación Sanidad española en cifras 2016  se empiezan a encontrar resultados que alertan del impacto de las políticas de austeridad sobre las estructuras públicas de bienestar social que nos hemos ido dotando en las últimas cuatro décadas.

Los efectos de la crisis, afortunadamente, no han empañado los esfuerzos de los profesionales que integran el sistema nacional de salud y su gestión, implicación personal y racionalización del uso de recursos, que arrojan este balance positivo que, además se concreta en reducciones de tasas de mortalidad ajustadas por edad en patologías destacadas como son: la cardiopatía isquémica (reducción promedio de un 9,44%); la enfermedad cerebrovascular (reducción promedio de un 11,32%); el cáncer (reducción promedio de un 4,31%); la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (reducción promedio de un 12,6%); la neumonía e influenza (reducción promedio de un 8,34%); la enfermedad crónica del hígado (reducción promedio de un 8,26%); la diabetes mellitus (reducción promedio de casi un 8%) y la mortalidad perinatal (reducción promedio de un 1,51%).

Asimismo, se registran reducciones en las tasas de mortalidad prematura ajustada por edad para: la cardiopatía isquémica (un 4,93%, en promedio), la enfermedad vascular cerebral (un 7,35% en promedio), por enfermedades crónicas de vías respiratorias inferiores (10,5%), por diabetes (3,11%) y, por cáncer (4,53%). También se redujo la tasa de mortalidad infantil por 1000 nacidos vivos en un 6,8% y, por último, fruto de otras gestiones públicas y de la implicación de la propia población, se redujo el número medio de víctimas mortales de accidentes de tráfico en un 11.34%, todo ello, entre los años 2012 y 2014.

Las únicas tasas de mortalidad que aumentaron a lo largo del período, escapan, en gran parte, al control de la gestión pública. Estas tasas son: la de mortalidad ajustada por edad por accidentes no intencionales, que aumentó, en promedio, un 0,36%; la tasa de mortalidad ajustada por edad por suicidio, que aumentó, en promedio, un 11,25% y, por último, la tasa de mortalidad ajustada por edad por enfermedad de Alzheimer, que aumentó en promedio, un 0,67%.

Es interesante remarcar otras mejoras como son, la disminución de la tasa de infección hospitalaria en España en el mismo período (en promedio, un 3,88%); el aumento del porcentaje de colecistectomía por laparoscopia (un 2,53%, en promedio), afectando a todas las CC.AA. excepto La Rioja y Melilla; el discreto, pero positivo, aumento del porcentaje de cirugía conservadora en cáncer de mama (0,93%) que sigue siendo más que moderado en muchas CC.AA.; la disminución promedio de la tasa de mortalidad intrahospitalaria global por cada 100 altas hospitalarias (un 2,75%); la disminución de la tasa de mortalidad intrahospitalaria tras intervención quirúrgica por cada 100 altas quirúrgicas (un 5,56%); el aumento promedio del porcentaje de pacientes con fractura de cadera intervenidos en las primeras 48 horas (un 3,85%); la disminución de la tasa de mortalidad intrahospitalaria tras fractura de cadera por cada 100 altas  (un 4,09%); la disminución promedio de la tasa de mortalidad intrahospitalaria postinfarto por cada 100 altas (un 4,66%); la disminución del porcentaje de reingresos urgentes postinfarto (4,51%); la disminución promedio de la tasa de mortalidad intrahospitalaria de pacientes con insuficiencia cardiaca congestiva (ICC) por cada 100 altas (un 4,31%);  el aumento promedio de la tasa de supervivencia funcional del trasplante de hígado a los tres años (un 3,91%) y la estabilidad de la tasa de amputaciones de miembro inferior en personas diabéticas.

Por el contrario, algunos aspectos han empeorado en cuanto a su evolución, como es el caso de: el porcentaje global de reingresos, que ha aumentado, en promedio, en España entre los años 2012 y 2014 un 4,04%; el porcentaje global de reingresos urgentes tras cirugía programada, que ha aumentado un 5,77% en promedio; la tasa de notificación de reacciones adversas a medicamentos total, que aumentó en promedio, un 11,77%; la tasa de mortalidad intrahospitalaria tras angioplastia coronaria por cada 100 altas aumentó, en promedio, un 8,90%; la tasa de supervivencia funcional del trasplante de pulmón a los tres años que disminuyó un 0,49% entre 2012 y 2015 y las dosis diarias por 1000 habitantes y día (DHD) de antibióticos, que aumentaron un 8,99% en promedio.

Por su parte, la población española, apoyada por el Sistema Nacional de Salud, también ha puesto de su parte para lograr mejores resultados en salud, si bien, su comportamiento también muestra algunas sombras.

Así, en la parte positiva, destaca el aumento de la tasa de donantes de órganos, que ha crecido, en promedio, entre los años 2012 y 2015 un 14,08%. Asimismo, destaca la disminución promedio de la prevalencia de consumo de tabaco (un 4,05% entre 2011 y 2014); la disminución del porcentaje de riesgo de bebedores de alcohol (un 5,92% entre 2011 y 2014); la disminución promedio del porcentaje de consumidores de cánnabis (un 4,06% entre 2011 y 2013), para la población de entre 15 y 64 años; la disminución promedio del porcentaje de consumidores de cánnabis en escolares adolescentes de 14 a 18 (un 3,79% entre los años 2010 y 2014); la disminución promedio de la prevalencia de sedentarismo en población adulta (un 17,5% entre los años 2011 y 2014); la disminución promedio de la prevalencia de sobrepeso en población de 18 y más años (un 2,5% entre los años 2011 y 2014); la reducción promedio, aunque discreta, de la prevalencia de obesidad en población de 18 y más años (un 0,70% entre 2011 y 2014) y la reducción de la proporción de población de 25 a 64 años con nivel de estudios de primera etapa de educación secundaria o inferior (un 5,96% entre los años 2012 y 2015).

Por otro lado, en la parte negativa, destaca el aumento del porcentaje de recién nacidos a término con bajo peso, tanto en promedio como por CC.AA. entre los años 2012 y 2014, con una variación porcentual del 114,84%; el aumento promedio de las dosis diarias por 1000 habitantes y día (DHD) de antidepresivos (un 8,07% entre los años 2012 y 2014)

Trabajando con datos de nivel nacional, la tasa de pacientes en espera por los principales tipos de cirugía disminuyó en todos los casos con variaciones porcentuales de diversa magnitud entre los años 2012 y 2015. En cambio, la tasa de intervenciones quirúrgicas no urgentes aumentó un 3,3% y, también lo hicieron, la tasa de pacientes en espera para consultas especializadas (un 35,94%, en promedio), y las de los principales tipos de consulta, correspondiendo el menor aumento a las consultas de cirugía general. Las variaciones porcentuales de los tiempos de espera fueron todas positivas entre los años 2012 y 2015, debiendo concluirse que la situación ha empeorado. El mayor aumento se produjo en los tiempos de espera para intervenciones de traumatología y, el menor, para las intervenciones de cirugía cardíaca. Finalmente, en el caso de los tiempos de espera para consultas, el aumento más grande se produjo en ginecología y el más pequeño en las consultas de cirugía general.

El grado de satisfacción de los ciudadanos con el funcionamiento del sistema sanitario público, ha disminuido un 2,89% en promedio, en España, entre los años 2012 y 2015. Así, de una nota media de 6,57 puntos, se pasó a 6,38 puntos. También, el grado medio de satisfacción del ciudadano con el conocimiento del historial y el seguimiento de sus problemas de salud por el médico de familia y el pediatra, disminuyó un 0,27%, pasando de una nota de 7,52 puntos a otra de 7,50 puntos. Por último, el grado medio de satisfacción del ciudadano con la información recibida en la consulta del médico especialista sobre su problema de salud, disminuyó un 2,33%, pasando de una nota de 7,30 puntos a una de 7,13 puntos.

El análisis de la información de INCLAS ha puesto de manifiesto que el Sistema de Salud ha resistido con carencias, y que los usuarios han aceptado las restricciones sin penalizarlo de forma notable, pudiendo haber sido más críticos, especialmente en lo que se refiere a las esperas y a la falta de personal frente a un aumento de necesidades que se ha plasmado en términos de morbilidad.

España tiene un Sistema Nacional de Salud descentralizado. La principal recomendación para poder llevar a cabo un control eficiente y racional de la gestión de cada territorio que componen España es la de homogeneizar los sistemas de información, de forma que proporcionen el mismo grado de veracidad. Los sistemas de información deben proporcionar la lista de indicadores acordada por el Consejo Interterritorial, sujetos a las mismas definiciones y ajustes para poder llegar a comparaciones entre territorios. La falta de datos por CC.AA. acerca de las listas de espera, es un ejemplo de estas carencias en la actualidad y no es la única. Por consiguiente, aunque descentralizado, el sistema debe tender a la homogeneización técnica, ya que no garantizar este aspecto, condicionaría la gestión, el control y la producción científica en torno al análisis de la información sobre salud en nuestro país.

Nuestro siguiente empeño será El Observatorio de Salud: rendimiento del Sistema Sanitario Español en seis dimensiones.