El hombre está hecho de microrganismos más que de genes

The Economist de la pasada semana abre portada con un titular de los que esta revista pone como nadie: “Microbes maketh man”. La realidad biológica de lo que el hombre realmente constituye, tiene una visión tradicional que señala, que el cuerpo humano es la colección de 10 trillones de células, producto de 23.000 genes. Sin embargo, entre los rincones ocultos del cuerpo humano habitan 100 trillones de bacterias provenientes de cientos de especies que almacenan 3 millones de genes no humanos.

Los Robespierres de la biología consideran que esto también debería contar como parte de la composición del cuerpo humano, es decir, no considerar únicamente a los humanos como organismos únicos, sino como superorganismos compuestos de cientos de organismos más pequeños, todos organizados en un solo cuerpo y trabajando coordinadamente. Aunque resulte chocante, hay que incluir a las bacterias y sus genes como una parte más del cuerpo, sin embargo lo revolucionario del caso lo hace bueno, sobre todo para los microrganismos que no son ni parásitos ni pasajeros. Son más bien, miembros totalmente integrados en una comunidad donde el humano (huésped) no es más que otro miembro (dominante). Esta visión ha tenido una popularidad creciente últimamente. Las revistas científicas de mayor prestigio como Nature y Science, han revisado este concepto ampliamente durante los últimos meses. Es muy importante, sin duda, ayudará a la ciencia y a la práctica de la medicina. Los microbios realizan muchas tareas a cambio de alimento y hospedaje que ofrece el cuerpo  humano, una de estas funciones es abastecer al cuerpo de al menos el 10 % de las calorías diarias. Estas calorías provienen de carbohidratos vegetales, que enzimas humanas son incapaces de sintetizar. Otro ejemplo, es la leche materna que contiene carbohidratos como los glicanos los cuales no son digeribles por enzimas humanas, solo enzimas bacterianas son capaces de hacerlo. Esto demuestra la cercanía que existe entre el huésped y los microrganismos, los dos han evolucionado conjuntamente a lo largo de los años.

La digestión no es el único servicio nutricional que ofrecen los microrganismos, también son capaces de producir vitaminas, como la B2, B12 y ácido fólico. Además, son capaces de ajustar su producción a las necesidades y requerimientos del huésped. Los microrganismos en los bebés producen más ácido fólico que en los adultos.  Microbios en sitios con escasez vitamínica como Malawi y zonas rurales de Venezuela, producen más vitaminas que los microbios en los EEUU. El microbioma también mantiene la salud del huésped, manteniendo intrusos hostiles a raya. Un microbio ajeno que cause diarrea, es tan enemigo del microbioma como del huésped. Ambos tienen interés en deshacerse de él. Y ambos contribuyen a la tarea. El huésped y el microbioma, son aliados. Pero hay más, las últimas investigaciones demuestran como su fisiología mantiene un vínculo, en formas que hacen de la idea de un superorganismo humano no sea una figura retórica. Estos vínculos son más visibles cuando las cosas van mal. Un microbioma alterado se ha asociado con una larga lista de problemas: la obesidad, la desnutrición, diabetes (tanto de tipo-1 y tipo 2), aterosclerosis, enfermedades del corazón, esclerosis múltiple, asma y eczema, enfermedad hepática, numerosas enfermedades de los intestinos, incluyendo el cáncer de intestino, y el autismo. Los detalles son a menudo oscuros, pero en algunos casos parece como si los microbios son capaces de elaborar moléculas que ayudan a regular la actividad de las células humanas. Si estas señales van mal, la consecuencia es la enfermedad. Esto es importante porque sugiere que los médicos han estado buscando en el lugar equivocado para obtener información sobre algunas de estas enfermedades. También sugiere una vía totalmente nueva para el tratamiento. Si la proliferación de un microbioma causa la enfermedad, controlar esa proliferación puede llevar a la cura.

Un grupo de médicos están adoptando un enfoque rudimentario en la infección por Clostridium difficile. Esta bacteria, que causa la distensión potencialmente mortal del intestino en algunas personas que han sido tratadas sin éxito con antibióticos específicos, es una pesadilla para los hospitales. Mata a 14.000 personas al año en los EEUU. Experimentos recientes han demostrado que puede ser eliminado mediante la introducción, como un enema, de las heces de un individuo sano. “Los trasplantes fecales” es un enfoque bastante crudo, sin duda, pero el punto crucial es que los microbios son mucho más fáciles de manipular que las células humanas. Para que se hable de superorganismos (y a pesar del factor repugnante de lo que se va a mover de un cuerpo a otro), el trasplante de un microbioma es mucho más fácil que el trasplante de un corazón o un riñón.

Otras dos áreas parecen prometedoras. Una de ellas es la implantación más sofisticada del humilde antibiótico, posiblemente el invento más eficaz de todos los tiempos de la industria farmacéutica. Por el momento los antibióticos se utilizan principalmente para hacer frente a las infecciones. En el futuro podrían tener un uso más sutil, de modo que los microbios buenos puedan extenderse a costa de los malos.

El otro campo que puede cambiar es la genética. Muchas de las enfermedades en las que está implicado el microbioma parecen darse en familias. En algunas enfermedades, como las enfermedades cardiovasculares, se explica en parte por los genes humanos conocidos. Sin embargo, en muchas otras, como el autismo, el vínculo genético es oscuro. Esto puede deberse a que los genetistas han estado buscando en el conjunto equivocado de genes, poniendo más atención en los 23.000 humanos que en los 3 millones no humanos que también pueden heredarse. Es posible que determinadas cepas inductoras de  enfermedad puedan ser heredadas de generación en generación de esta manera.

Al igual que con todos estos trastornos, no está claro donde la revolución microbioma va a terminar. Los médicos y los biólogos realmente pueden llegar a pensar en las personas como superorganismos. Sin embargo, el pensar de esta forma está produciendo nuevos conocimientos sobre problemas médicos aparentemente insolubles, y hay probabilidades de que de su manos vengan curaciones.

La percepción sobre los efectos del cambio climático

Reportajes como el del pasado domingo en El País Semanal pueden ayudar a sensibilizar sobre un serio problema al que no queremos dar la respuesta que merece. Sin embargo, la ciudadanía es consciente  de su importancia y su efecto sobre la salud. En noviembre de 2010 publicamos un estudio (La influencia del medioambiente en la salud según la población española), que se basa en los resultados de una encuesta específica realizada sobre una muestra de 1.200 personas, representativa de la población española de 18-64 años de edad.

El 68,7% de la población española de 18 y más años piensa que el cambio climático es un proceso provocado por la actividad humana, frente a un 13,8% que piensa que se debe a un proceso natural de la Tierra, y a un 15,8% que lo atribuye a ambas cosas. El 1,7% restante, no ha formulado una opinión sobre el tema. Las personas con más formación tienden a atribuir, en mayor proporción que el resto, el cambio climático a una combinación de procesos naturales de la Tierra y de las actividades humanas. La influencia del medioambiente sobre la salud se percibe como muy elevada por parte de un 88,7% de la población española de 18 y más años. En una escala de valoración de 5 puntos, en que el valor 1 representa que no tiene ninguna influencia, el valor medio obtenido es de 4,41 puntos.

Entre las condiciones personales, laborales y de ocio, medioambientales y de asistencia sanitaria, que los españoles de 18 y más años han valorado como importantes para su salud, destacan, como las cinco más relevantes: la higiene personal, los alimentos consumidos, el tratamiento de las aguas, la contaminación y la educación sanitaria. Aunque todas las condiciones se valoran como importantes, en esta lista de cabecera, destacan dos del entorno medioambiental, lo que refuerza la relevancia de la necesidad de incluir el medioambiente en las políticas relacionadas con la salud.

Los medios de comunicación más utilizados por la población española para obtener información acerca del cambio climático son: la televisión (92,6%), los periódicos (72,4%), la radio (62%) e Internet (53,6%).

La población urbana utiliza Internet para informarse acerca del cambio climático, en mayor proporción que la rural.

Las campañas publicitarias sobre el cambio climático constituyen un elemento bastante efectivo de sensibilización acerca de este fenómeno, dado que un 66,8% de la población adulta española, reconoce valorarlas como medio de información.

Las grandes industrias son percibidas por la población como los actores que mayor responsabilidad tienen en el deterioro del medioambiente. En valoraciones efectuadas en escalas de 5 puntos, donde el 5 es la máxima responsabilidad, este agente recibe una puntuación media de 4,47 puntos, con una desviación de 1. Le siguen de cerca los gobiernos con 4,31 puntos y la UE con 4,07.

Algo más de tres cuartas partes de la población española de 18 y más años toma alguna medida de carácter individual, relacionada con el medioambiente y encaminada a mejorar su salud

El reciclaje eficiente de residuos constituye la medida individual más extendida y practicada por un 77,1% de la población, seguida de cerca por un uso responsable del agua. En cambio, está menos extendido el consumo alimentario responsable, el uso adecuado de la energía y los medios de transporte y aún menos, el uso adecuado de productos químicos, que sólo es adoptado por un 52% de la población adulta.

La opinión de los españoles se divide drásticamente al tener que escoger entre varias medidas propuestas para diseñar las estrategias sanitarias de España en estos momentos. Así, mientras que un 37,3% considera más importante incrementar el número de profesionales sanitarios, un 34,6% está convencido de que es más importante fomentar medidas preventivas para conservar el medioambiente. Sin embargo, si se añade a lo anterior que un 17,3% de la población piensa que es más importante incrementar el número de centros asistenciales por habitantes, el balance se decanta claramente hacia la toma de medidas sanitarias controladas por variables tradicionales en lugar de hacerlo por las que más pueden afectar a la salud en un futuro no muy lejano, y derivadas del deterioro del medioambiente.

La asunción de un posible gasto adicional por parte de la población, para invertir en la mejora del medioambiente, se asocia mucho más con aquellos productos que afectan directamente a la alimentación que a otros servicios que procuran su bienestar y que tienen un carácter de uso más colectivo. Así, algo más de un 60% de la población adulta estaría dispuesta a pagar un poco más por obtener una mejora en la calidad de las aguas y en los alimentos, si con ello se garantizase una mejora en la salud. En cambio, sólo un 40% asumiría un coste adicional en combustible, calefacción, electricidad, transporte público o medicamentos en esas condiciones.

La mayoría de la población española de 18 y más años (76,3%), opina que la industria es el sector más perjudicial para el cambio climático y para producir el consecuente deterioro en la salud colectiva.

El asma y otras enfermedades respiratorias, el cáncer de piel y las enfermedades derivadas de la calidad del agua y los alimentos, son calificadas por alrededor de un 80% de los individuos como aquellas cuyas probabilidades de padecimiento más pueden aumentar por causa del deterioro del medioambiente.

Algo más de un 70% de la población está convencida de que si el gobierno dedicase un porcentaje del PIB a mejorar el medioambiente, la salud de la población mejoraría bastante o mucho.

Hay que buscar oportunidades de negocio en todo lo relacionado con lo medioambiental por su potencial efecto tractor en la creación de actividad económica. Está descontado que en la situación de crisis actual, las empresas contaminantes sacudirán los demonios del desempleo, el cierre, etc….para evitar las mas que necesarias medidas regulatorias que atenúen los efectos deletéreos sobre la naturaleza.