Amargo jarabe

Los rescates traen austeridad y pérdida de libertad, es decir, menos soberanía nacional. Los que te prestan, acaban tomando las decisiones por ti. ¿Es una sorpresa para alguien? Las medidas recitadas en sede parlamentaria por el presidente del gobierno el 11 de julio parecían un catálogo de recomendaciones de la Comisión. Básicamente, privatizar y recortar. Solo una medida de estimulo, un tímido recorte en las contribuciones a la seguridad social. Sabemos que no generaran crecimiento económico ni empleo. Circulo vicioso. Formalmente no estamos intervenidos. Sin embargo, perdemos credibilidad a marchas forzadas pues los que gobiernan socavan la legitimidad de las medidas que imponen tildándolas de impuestas y contrarias a sus principios y creencias. Otro círculo vicioso. Los mercados a pesar de los sacrificios siguen desconfiando. ¿Alguien duda de sus razones?.

En España para entender cómo hemos podido llegar hasta aquí hay que ahondar en las causas. El diseño institucional que propiciaron las leyes promulgadas en 1984 y 1985, donde se da plena entrada a partidos políticos y sindicatos a las instituciones (CGPJ y Cajas de Ahorros) y a los nombramientos de funcionarios directivos de las Administraciones, empezaron a dar pistas hace tiempo. Si lo unimos a nuestra práctica cultural histórica cargadamente nepotista, nos da otra clave para explicar esta crisis. La competencia entre partidos, en términos democráticos, ha sido aplastada. No existen contrapesos. La sociedad civil ha quedado marginada y apenas participa en lo colectivo. Arrastramos un agotador desasosiego como sociedad que requiere como terapia un jarabe amargo: reformar el funcionamiento institucional existente. Se arregla con reglas de juego razonablemente sencillas. La hipertrofia de multiplicar por 17, sin desaparecer otros niveles administrativos ya existentes, con lo que lleva de mas altos cargos, parlamentarios regionales y el fuerte crecimiento de empleados públicos y organismos vinculados a la política (excluida la prestación de servicios) nos ha llevado a donde estamos. Para empeorar las cosas el sistema financiero está también tocado por excesos y comportamiento negligente. Hemos tenido mucho tiempo para pensar que la factura de todo esto, crecía y crecía, y no la íbamos a poder pagar. Y así ha sido.  Estamos ante un fracaso colectivo que urge hacer frente. ¿Cómo?.  Empezando a dar ejemplo inmediatamente, reduciendo drásticamente partidas de gasto público que sean duplicadas (estructuras administrativas y judiciales) o suntuarias (televisiones, aeropuertos, embajadas,…) o ineficaces (servicios prestados que podrían absorberse por otras instituciones) o innecesarios (todo tipo de subvenciones a partidos, sindicatos, patronales, iglesia,…). Es un esfuerzo de todos. Romperá status quo, costará implantarlas y surgirán resistencias. Pero si no lo hacemos no salimos ni con ayuda. No somos rescatables fácilmente como otros países de menos de diez millones de habitantes. ¿A qué esperamos para ponernos en marcha?. ¿Quién debería mover la primera pieza?. ¿Tardaremos tanto en salir?.

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