HISPA-NICE o EURO-NICE

La Asociación Española de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (AEETS) celebró ayer un Simposio Satélite sobre si España necesita un NICE, con la colaboración de las Fundaciones Astra Zéneca y Gaspar Casal, en el marco de la 9 ª Reunión Anual de nuestra  asociación homóloga internacional  Health Technology Assesssment International que está teniendo lugar estos días en Bilbao.

Llenazo en la sala asignada del Palacio Euskalduna. La sesión fue moderada por Jordi Gol de la Agencia de Evaluación de Tecnologías Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III, past president y fundador de la AEETS. Además de que presentar algunas de las razones del tema escogido y los ponentes, planteó que la ETS es una disciplina peculiar, está cercana a la política y a la regulación y el contenido de su trabajo es eminentemente científico, con aportación y graduación de la calidad de la evidencia sobre la tecnología estudiada. Subrayó como muestra de ello el hecho que hayan caído organizaciones, como  la  ISTHAC (asociación científica) y la OTA (agencia de ETS de los EEUU) cayeron, la primera por problemas internos de gestión y la segunda por querer mantener su independencia en un contexto político beligerante. Cabe pensar que otras organizaciones van a tener problemas corto plazo.  Pocas agencias elaboran informes que obliguen a la toma de decisiones acerca de qué prestaciones sanitarias incluir y excluir del catálogo. Esta razón nos llevó a plantear el simposio pues el NICE para Inglaterra y Gales, sí lo hace.

Comenzó la Mesa con Federico Plaza, director de la Fundación Astra Zéneca,  con una disertación sobre la pérdida de productividad de la I+D farmacéutica y el incremento del coste de la innovación que unido a las barreras regulatorias plantea mucha incertidumbre a las compañías farmacéuticas. Siguió Juan del Llano, Presidente de la AEETS, que disertó sobre el trabajo repartido en la sala: Cuarta Garantía: ¿es aplicable el sistema NICE en España?, resaltando las tres características que definen al NICE y que sería razonable emular: la transparencia, el rigor, la independencia  y el carácter  vinculante de las recomendaciones de los informes con las decisiones del Department of Health. Participan en su elaboración los actores relevantes y se escucha a todas las partes.  Adolece, sin embargo, de cierta lentitud, 14 meses frente a los 6 del Scottish Medicines Consortium.

A continuación José Manuel Freire, actualmente diputado portavoz del grupo socialista de la Asamblea de Madrid, apunto las enormes diferencias entre España y el RU, en términos de cultura, gobernanza, transparencia y rendición de cuentas, que hacen imposible trasladar una institución tan singular como el NICE pueda funcionar en el entorno español. Propone más bien la creación de un Instituto para la Excelencia de las Políticas Públicas que garantice la calidad democrática e impulse la deliberación y la sana confrontación de propuestas. Citó el SBU sueco como una organización reputada o la AHRQ de los EEUU. Rubén Moreno, diputado de las Cortes del grupo popular, alertó sobre la severa crisis económica en la que estamos inmersos, el inmenso déficit público y la difícil salida sin medidas decididas. Apeló a que tenemos que ineludiblemente ser sensatos en las propuestas, exigentes en la búsqueda de sinergias y coherentes con nuestra realidad territorial. Aterrizó, finalmente, en el imperativo de ajustar los gastos a los ingresos que se han visto seriamente mermados por la falta de crecimiento económico y la enorme destrucción de empleo. Por último, Olga Rivera, Viceconsejera de Innovación del Gobierno Vasco, presentó la necesidad de trasladar el racional de los análisis de coste-efectividad a la nueva estrategia del departamento de sanidad dirigida a la cronicidad con la consiguiente reorientación de todos sus servicios. Señaló como un polo de crecimiento posible todos los desarrollos tecnológicos locales dirigidos a estas poblaciones con discapacidades y mermas en su calidad de vida. La discusión con la audiencia resultó muy rica, y de forma muy resumida se señaló que si nos creemos de verdad el proyecto europeo, tanto por el acortamiento de los plazos en la elaboración de los informes,  como por las economías de escala y el reparto no duplicado de las evaluaciones a ejecutar, nos llevaría a un Euro-Nice (como ya tenemos una EMEA en Londres y un ECDC en Estocolmo), más que a un Hispa-Nice, trabajando en red y con un fluir saludable de información relevante entre las organizaciones implicadas con responsabilidades compartidas.


En política sanitaria también primum non nocere

Spain is different. Tanto como que el ministro alemán de finanzas dice, la ayudita de 100.000 millones de € es para el gobierno de España y nuestro ministro de economía dice que es para los bancos. ¿Nos toman por idiotas?. Hemos celebrado los pasados días 7 y 8 de junio nuestro IV Congreso de Gestión Clínica en Valencia y en la mesa que moderaba tuve la suerte de contar con dos catedráticos de economía, Vicente Ortún y Antón Costas, de la UPF y de la UB, respectivamente, que disertaron libremente sobre las claves para la solvencia de nuestro sistema sanitario. Vicente Ortún se centró en la necesidad de que las organizaciones sanitarias sean transparentes para evitar prácticas corruptas o de abuso de poder. La transparencia es condición necesaria pero no suficiente para propiciar la competitividad. Solo es además suficiente si se acompaña de órganos de gobierno democráticos. Antón Costas se centró en la calidad de la democracia en nuestro sistema de protección social. Percibe una huída de las clases medias de lo público, tanto en la educación como en la sanidad que considera sintomática de un creciente desprestigio y pérdida de calidad. Apuntó que si sólo aplicamos ajustes aparecen contrabandistas de reformas y acometen amputaciones. Además citó el trilema de la globalización de Dani Rodrik, catedrático de economía política internacional de la Universidad de Harvard que sostiene que democracia, autodeterminación nacional y globalización económica simultáneamente no es posible. Si queremos impulsar la globalización económica, tenemos que renunciar en parte a la nación Estado o a la política democrática. Si queremos conservar y profundizar la democracia, tenemos que elegir entre nación Estado e integración económica. Y si queremos mantener la nación Estado tenemos  la autodeterminación de elegir entre profundizar la democracia o profundizar la globalización. Sugestiva paradoja que ata cabos en lo que nos está sucediendo. Como sociedad tenemos que elegir si nuestro sistema sanitario tiene que ser reformado y cómo. No parece que el RDL 16/2012  ayude por el batiburrillo de contenidos y su falta de claridad. Además no ha sido discutido en la tribuna pública. Y en política sanitaria, por favor, primum non nocere como nos exigimos los médicos en nuestra práctica profesional.

¿Cómo salir de ésta?

Nadie cabal ignora que se nos está ocultando información desde hace mucho tiempo. Tampoco se duda que el diagnostico de nuestra gravísima situación económica no ha sido certero y que la terapia aplicada ha sido tardía y errónea. Así las cosas ¿qué cabe hacer?. El saneamiento de sus sistemas financieros, muchos de los países de nuestro entorno, lo hicieron hace tres años. Nosotros queremos hacerlo ahora, pero ¿con qué dinero?. Recientemente se ha recortado en salud, educación, dependencia e investigación por el desequilibrio en el ingreso y gasto público. Y para frenar el déficit y el oneroso pago de la deuda. El BCE duda en cómo y cuándo ayudarnos.
Manuel Castells en La Vanguardia del 1 de junio, sostiene que solo se pueden hacer dos cosas para salir de esta ante el papelón que hacen nuestros dirigentes: estimular la demanda inyectando dinero público como lo hizo EEUU o devaluar la moneda. Ambas cosas complicadas en el seno de la UE por el credo auto impuesto. Ni tan siquiera son asuntos que se discutan. Excepto Alemania, el resto de las economías de la UE ganarían competitividad y músculo exportador con una devaluación del euro.
El paciente español se ha mostrado esquivo ante los médicos europeos, no se ha dejado aconsejar, ha retrasado la implantación de una terapia adecuada que ahora no tendrá el efecto que si se hubiera administrado hace tres o cuatro años, será por ende menos eficaz, más costosa y el dolor más duradero. Los economistas hablan de consecuencias y discrepan entre ellos, los epidemiólogos no aciertan con las causas, el pronóstico del paciente nadie nos lo dice……ante tan dramático escenario, dicho paciente no sale de su postración, malvive abrumado, deprimido, paralizado y con miedo a que la enfermedad se extienda a órganos vitales que pongan en peligro su propia vida. ¿Qué tipo de médicos necesita este paciente en tan tardía fase? Y sobre todo, ¿donde están?